Somos Agua

Un secreto

lunes, noviembre 27, 2006

Tú, que hieres

Arrebatadamente te persigo.
Arrebatadamente, desgarrando
mi soledad mortal, te voy llamando
a golpes de silencio. Ven, te digo
como un muerto furioso. Ven. Conmigo
has de morir. Contigo estoy creando
mi eternidad. (De qué. De quién). De cuando
arrebatadamente esté contigo.
Y sigo, muerto, en pie. Pero te llamo
a golpes de agonía. Ven. No quieres.
Y sigo, muerto, en pie. Pero te amo
a besos de ansiedad y de agonía.
No quieres. Tú, que vives. Tú, que hieres
arrebatadamente el ansia mía.

Blas de Otero, Ángel fieramente humano

1 Comments:

At 1:38 p. m., Blogger Ángel Serrano said...

Curioso que elijas el soneto vecino (en mi edición de Ancia) al que yo cito. Que por cierto, a lo de ser de otro planeta, he de responder con el nombre del mismo, que no es sino Hombre.

Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser -y no ser- eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!

 

Publicar un comentario

<< Home